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Historias

Un desafío nigeriano para la Jornada Mundial de las Misiones

21 sept, 03:00 a. m.
En Nigeria, muchos jóvenes están discerniendo su vocación al sacerdocio, pero las limitaciones económicas impiden que numerosos candidatos puedan ingresar y formarse en el seminario. Para los obispos y responsables de la formación, el desafío no es la falta de vocaciones, sino contar con los recursos necesarios para acompañarlas. Ante el Domingo Mundial de las Misiones, la Iglesia está llamada a rezar por estas vocaciones y apoyar la formación de los futuros sacerdotes que servirán a comunidades donde sigue creciendo la necesidad de los sacramentos.

 

Por Michael Mitchell, director de la Jornada Mundial de las Misiones de TPMS-USA

Cada año, los obispos de toda Nigeria se reúnen con jóvenes que desean entregar su vida a Dios y a la Iglesia en el sacerdocio católico. Son jóvenes cuyos párrocos los han visto crecer en la fe durante años antes de recomendarlos para recibir el orden sagrado. Los obispos los escuchan atentamente. Y después, más veces de las que pueden soportar, tienen que mirar a uno de esos jóvenes a los ojos y decirle: «Creo que tu vocación es auténtica, pero no puedo aceptarte». No hay suficiente espacio, no hay fondos suficientes, tendrás que esperar…

No es que a esos jóvenes les falten las condiciones necesarias. Es que las diócesis no cuentan con los recursos económicos para enviarlos al seminario, alimentarlos y alojarlos durante los años de formación que requiere el sacerdocio.

El P. Augustine Ikwu, sacerdote nigeriano dedicado a la formación sacerdotal en seminarios, afirma: «En muchas diócesis del mundo, la Iglesia reza para que haya más vocaciones. En Nigeria, rezamos para contar con los recursos necesarios para acoger las vocaciones que Dios ya nos ha enviado».

Los obispos nigerianos sufren al ver cómo aumenta, año tras año, la necesidad de sacerdotes en sus diócesis, cómo hay comunidades que se ven privadas de los sacramentos y cómo los hombres que podrían servirlas están ahí, dispuestos, ilusionados, pero sin posibilidad de seguir adelante para responder a la llamada de Dios. Esta es la crisis silenciosa que se esconde hoy en uno de los países más católicos del mundo: debido a la escasez de recursos, solo alrededor del 5 % de los jóvenes que llaman a las puertas de los seminarios pueden ser admitidos.

El P. Ikwu añade: «Una de las responsabilidades más dolorosas que afrontamos en Nigeria es decirle a un joven con una vocación auténtica que no podemos admitirlo; no porque le falten fe, carácter o capacidades, sino porque sencillamente no contamos con el espacio ni con los recursos necesarios para formarlo».

Mártires de nuestros días

Nigeria es, según prácticamente cualquier indicador, una de las naciones con una vida católica más vibrante del mundo. Alrededor del 94 % de los católicos nigerianos asiste a la misa dominical. Solo en la diócesis de Nsukka, el número de sacerdotes se duplicó con creces en diez años y superó los 400 en 2024. Sin embargo, a pesar de toda esta abundancia de fe, los seminarios solo pueden alojar y formar a una pequeña parte de los hombres que discernen que Cristo los llama. Y mientras esta crisis se desarrolla silenciosamente dentro de los muros de los seminarios, fuera de ellos la situación dista mucho de ser silenciosa.

Ser sacerdote católico en las diócesis misioneras de Nigeria no es un camino hacia la comodidad ni la seguridad. Los sacerdotes de todo el país deben estar preparados para defender la fe incluso hasta la muerte. A los seminaristas se les recuerda que los secuestros, la persecución y los asesinatos no son meras posibilidades hipotéticas. Son realidades. Solo durante los primeros meses de 2026, cinco sacerdotes católicos fueron secuestrados y asesinados.

Este es el contexto en el que los jóvenes disciernen su vocación. No buscan ingresar al seminario para escapar de la pobreza. Al contrario, avanzan hacia el peligro y hacen de su propia vida una verdadera ofrenda. En Nigeria, el sacerdocio está en primera línea. Y aun así, los jóvenes siguen llegando, en un número que supera ampliamente la capacidad de acogida de la Iglesia. Pero hay algo que podemos hacer para ayudar.

Lo que puede hacer la Jornada Mundial de las Misiones

Las dificultades que atraviesa Nigeria son precisamente el tipo de dificultades para las que fue creada la Jornada Mundial de las Misiones. Este 18 de octubre, nos reuniremos en nuestras iglesias para rezar por estos valientes misioneros. Imploraremos a Dios las gracias y bendiciones que estos valerosos hermanos y hermanas necesitan para continuar la obra de evangelización. También realizaremos una colecta. Los fondos recaudados se destinarán directamente a los 1.130 territorios de misión, como Nigeria, donde la Iglesia apenas comienza a existir o todavía es demasiado joven, pobre o perseguida para sostenerse por sí misma. La colecta financiará aquello que más necesitan estas tierras de misión: la formación de seminaristas, la construcción de iglesias, el sostenimiento de religiosas y religiosos y la educación de niños en escuelas católicas.

Al referirse al impacto de la Jornada Mundial de las Misiones, el P. Ikwu afirma: «Cuando los católicos de todo el mundo apoyan las misiones, no se limitan a financiar edificios o instituciones». Están ayudando a formar a los futuros sacerdotes que predicarán el Evangelio, celebrarán los sacramentos, educarán a los niños, consolarán a quienes sufren y llevarán esperanza a innumerables comunidades».

En esta Jornada Mundial de las Misiones, cada católico que se sienta cómodamente en un banco de una iglesia, en un país donde no se queman templos ni se secuestra a sacerdotes, recibe una sencilla invitación con dos dimensiones: rezar por las misiones y, si puede, sostenerlas económicamente.


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